La sucesion en la empresa familiar

La falta de previsión testamentaria sobre la ordenación
de la sucesión en la Empresa Familiar, si la transmisión
no se ha realizado en vida, puede tener consecuencias
importantes sobre la continuidad de la misma.
En este punto hay que comenzar señalando que en España
rigen varias legislaciones civiles: la común y las diferentes
legislaciones forales, que establecen normas muy diferentes
en materia sucesoria y cuya aplicación depende de la
vecindad civil del causante o testador. En la sucesión por
causa de muerte puede existir, o no, testamento, siendo en
este último supuesto cuando las diferentes legislaciones
cobran importancia, ya que en defecto de testamento,
regirán las normas sucesorias establecidas en cada legislación
civil.
Un tercer modo de sucesión hereditaria es la que constituyen
los denominados contratos sucesorios sobre la herencia
futura. Éstos, a diferencia del testamento, no son revocables
unilateralmente y están prohibidos con carácter general en
el Código Civil, salvedad hecha de la reciente modificación
del artículo 1.271 del mismo, por la Ley 7/2003 para
favorecer, precisamente, la sucesión en la empresa familiar.
El testamento es el instrumento jurídico idóneo y fundamental
para ordenar la sucesión y garantizar la continuidad
de la empresa familiar. Es “un acto o negocio jurídico
solemne, en principio unilateral y esencialmente revocable,
otorgado por persona capaz con la intención seriamente
declarada de producir, para después de la muerte de
su autor, consecuencias eficaces en Derecho, con mandatos
inequívocos para regular su sucesión”.
Nuestro Código Civil establece que la herencia que los hijos
o descendientes pueden recibir de sus padres se divide en
tres partes o tercios: el tercio de legítima corta o estricta,
que forzosamente debe distribuirse entre los hijos o descendientes
por partes iguales, el tercio de mejora que, siendo
forzosamente para los hijos y descendientes puede repartirse
de manera desigual para mejorar a alguno, o algunos,
de ellos, y el tercio de libre disposición.
Sin embargo, el sistema de legítimas consagrado en
nuestro Derecho, no garantiza el mantenimiento de la unidad
y continuidad de la misma. La reciente modificación del
artículo 1.056 del Código Civil por la Ley 7/2003 ha mejorado
esta situación al permitir que, en atención a la conservación
de la empresa, el testador disponga que se pague en
metálico su legítima a los demás interesados y, en caso de
no existir metálico suficiente, permite que se pueda abonar
con efectivo extrahereditario, dando para ello un plazo de
cinco años. Esta medida establece una posición de equilibrio
entre los derechos de los herederos, que quedan
garantizados, y el fin último de conservar la empresa.
Hechas estas salvedades, conviene señalar que el
testamento deberá necesariamente tener en cuenta, tanto
las circunstancias personales del testador, como cualesquiera
otras circunstancias que permitan asegurar la mejor
sucesión en el patrimonio empresarial.
También sería conveniente tener en cuenta aquellos
preceptos del Código Civil que regulan los pactos sobre la
mejora, la conmutación de la legítima del viudo por los
herederos o la posibilidad de adjudicar íntegramente a un
heredero aquellos bienes cuya división les prive de su valor.

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